Los atentados del 11 de septiembre de 2001, el huracán Katrina y la inundación de La Plata de 2013 ocurrieron en contextos muy diferentes, pero dejaron una enseñanza común para la gestión de emergencias: los primeros minutos de una crisis se resuelven, en gran medida, en el territorio.
El especialista en seguridad global, geopolítica y gestión de riesgos estratégicos Ricardo Ferrer Picado sostiene que las ciudades necesitan contar con estructuras preparadas para responder antes de que puedan desplegarse recursos provinciales, nacionales o cuerpos especializados.
En esa primera etapa tienen un papel central Bomberos, Defensa Civil, fuerzas de seguridad, servicios sanitarios y sistemas locales de emergencia.
De acuerdo con el análisis de Ferrer Picado, una emergencia puede agravarse cuando existen problemas de coordinación, comunicación, protocolos o disponibilidad de recursos.
La capacidad de respuesta local resulta especialmente relevante en ciudades que concentran hospitales, transporte, telecomunicaciones, infraestructura energética, industrias y corredores logísticos.
En esos lugares, un incidente localizado puede generar rápidamente consecuencias que excedan el área donde comenzó.
El especialista plantea que la primera respuesta debe estar organizada antes de que ocurra el desastre y no depender exclusivamente de la llegada posterior de estructuras de mayor alcance.
Uno de los principales planteos es pasar de una gestión basada en reaccionar frente a los acontecimientos hacia una política permanente de prevención y preparación.
Entre las herramientas mencionadas aparece el Sistema de Comando de Incidentes (SCI), que permite ordenar la conducción y coordinación de los distintos organismos que intervienen durante una emergencia.
También propone realizar simulacros interinstitucionales de manera periódica, incorporando a la comunidad, y desarrollar sistemas de alerta temprana multicanal para transmitir información rápidamente.
La experiencia de la inundación del 2 de abril de 2013 en La Plata vuelve especialmente relevante este debate para la región. El desafío, según el especialista, no pasa solamente por anticipar qué tipo de desastre podría ocurrir, sino por saber si cada ciudad tiene los recursos necesarios para responder cuando sucede.
Protocolos definidos, comunicaciones operativas, recursos disponibles y una cadena de conducción clara son algunos de los elementos que pueden determinar la capacidad de respuesta durante los primeros momentos.
Para Ferrer Picado, esa preparación debe convertirse en una política permanente de los gobiernos locales, con responsabilidades claramente establecidas.
La idea central que plantea es que el comienzo de cualquier emergencia ocurre necesariamente en un territorio concreto y que la capacidad de respuesta de ese lugar puede influir en la magnitud final del impacto.