06/06/2026 - Edición Nº368

Politica

LO VIMOS SER

7 y 50: la resistencia de la cuna ricotera en una noche de orfandad colectiva

17:01 | La ciudad se transformó en un santuario popular. Entre abrazos, lágrimas, canciones, poesía y recuerdos, miles de personas se acompañaron en el dolor por una pérdida que marcó a varias generaciones. La Plata escribió una nueva página de su memoria colectiva en una noche cargada de emoción.



Para muchos, 7 y 50 puede no signifcar nada. Y no tiene por qué.

Pero para otros es mucho más que una esquina. Es un lugar de pertenencia. De encuentros y desencuentros. De resistencia. De broncas, llantos, risas y alegrías. Un punto de referencia emocional para varias generaciones de platenses nacidos, adoptados y por elección.

Una vez más, ese lugar fue testigo de la historia popular. Testigo de una misa a la que nadie tenía pensado ir, pero a la que nadie faltó.

Esta noche, esas míticas esquinas fueron estadio, teatro, polideportivo, Cemento, Obras, Tandil, Olavarría y el Único —Diego Armando Maradona—. Fueron también cada una de las ciudades y provincias que vieron crecer una leyenda del rock nacional capaz de atravesar décadas y generaciones.

Vieron orgas, comunidad, tribu, que como en el lugar más popular por los argentos, se convirtiera en una tribuna de cualquier estadio, donde desconocidos se fundieran en abrazos eternos. Que las lágrimas encontraran hombros desconocidos.  Que las miradas alcanzaran para entenderlo todo, pero no aceptar nada. No hacían falta las palabras.

Había trapos. Habia brazos en alto. Había agite. Había vino, faso y poesía. Había ojos clavados en el cielo, en la nada o en algún recuerdo. Y en todos, la misma sensación de vacío.

Hoy, La Plata, la ciudad que parió a Los Redondos, volvió a parir, desde el dolor y la tristeza más profunda, un tiempo nuevo: el de miles que empezaron a sentirse huérfanos.

Porque más allá de los discos, de los recitales y de los años, lo que se reunió en 7 y 50 fue una comunidad quizás para los mas soñadores homenajeando, para los más realistas despidiendo, conscientes que fuera lo que fuera, era una parte de sí misma.

Y aunque todas esas almas saben que cuando la noche es más oscura viene el día en sus (nuestros) corazones, esta vez la noche será larga.

Porque hoy sigue siendo de noche. Mañana también.

Y quizás durante mucho tiempo más.

Hasta que llegue el día en que cada uno decida decir adiós.