El Índice de Precios al Consumidor (IPC) registrado por el INDEC en mayo fue del 1,5%, la cifra más baja desde mayo de 2020. La inflación interanual se ubicó en 43,5%, retrocediendo 3,8 puntos respecto a abril. El dato fue celebrado por el oficialismo como un “logro histórico”, aunque economistas y consultoras advierten que detrás del número hay un freno generalizado en la actividad, ajustes en tarifas controladas, congelamiento de salarios y desplome del consumo.
El rubro Comunicación encabezó las subas del mes con un aumento del 4,5%, impulsado por fuertes ajustes en telefonía, internet y cable. Le siguieron Vivienda y servicios básicos, con una suba del 2,4%. Este último sector mostró un incremento moderado debido a la decisión del Gobierno de limitar aumentos en electricidad, gas y agua, en busca de contener la inflación general.
Prendas de vestir y calzado aumentaron 0,9%, y Alimentos y Bebidas –uno de los rubros más sensibles– apenas un 0,5%. Dentro de ese ítem, la carne se mantuvo estable y frutas y verduras mostraron bajas de hasta 17%.
Otro factor que ayudó a moderar el IPC fue la caída en Transporte (-0,4%), asociada a la baja de combustibles, que compensó los aumentos en el transporte público del AMBA.
Desde el CEPA y LCG coinciden en que la desaceleración inflacionaria no responde únicamente a políticas monetarias, sino al congelamiento de salarios, el freno al consumo y la contención artificial del tipo de cambio. “El Gobierno prioriza bajar la inflación incluso a costa del cumplimiento de metas con el FMI”, señalaron.
También se denunciaron distorsiones metodológicas: según el CEPA, si se actualizara el esquema de ponderación del INDEC, la inflación acumulada desde enero podría ser hasta 10 puntos más alta que la publicada oficialmente.
En resumen, la baja inflación de mayo no surge de una economía en expansión, sino de una serie de mecanismos de contención –como el atraso tarifario, el control de precios y el dólar quieto– que pueden resultar difíciles de sostener en el tiempo.