03/04/2026 - Edición Nº304

Politica

Lluvia mortal

La noche que el agua lo cambió todo

02/04/2026 16:05 | A más de una década de la inundación en La Plata, la memoria sigue viva en quienes la atravesaron. No es solo una tragedia: es una herida abierta, una advertencia y un recuerdo que vuelve cada vez que llueve.



El 2 de abril de 2013 quedó marcado como uno de los días más trágicos en la historia de la ciudad de La Plata. Todo comenzó durante la tarde, con una lluvia intensa que parecía una tormenta más. Pero con el paso de las horas, la situación se volvió incontrolable.

Entre el 2 y el 3 de abril de 2013 se registró la caída de casi 400 mm de agua en tan solo horas, una cifra extraordinaria que provocó el colapso total de la ciudad.

La inundación dejó un saldo oficial de 89 vecinos fallecidos y más de 300 heridos. A esto se sumó una afectación generalizada: toda la ciudad se vio atravesada por la acumulación de agua dentro y fuera de las viviendas, cambiando la vida cotidiana en cuestión de minutos.

Las calles se transformaron en ríos, los autos flotaban sin control y muchas casas quedaron bajo el agua.

La oscuridad, sumada al sonido constante de la lluvia y el agua subiendo, generó una sensación de miedo e incertidumbre total. En medio de ese caos, comenzaron a escucharse gritos: vecinos pidiendo ayuda, familias tratando de salir, personas atrapadas sin saber qué hacer.

Muchos pensaron que lo peor había pasado al amanecer del 3 de abril. Pero no fue así.

Las consecuencias de la inundación no terminaron cuando bajó el agua. Durante semanas, la ciudad quedó marcada por el barro, las pérdidas y la desorganización. Meses después, muchas familias seguían intentando reconstruir sus hogares. Y en algunos casos, la recuperación llevó años.

Esa noche, el otro —el vecino, el desconocido— fue el protagonista, salvó vidas. Hubo quienes abrieron sus puertas, compartieron lo poco que tenían, dieron abrigo, comida y contención en medio del desastre. Como suele ocurrir en nuestro país, en la peor situación, apareció también la solidaridad.

En los días posteriores, la ayuda comenzó a llegar desde distintos puntos del país. Donaciones, voluntarios, manos dispuestas a ayudar. Al mismo tiempo, los canales de televisión mostraban la magnitud de la tragedia.

La magnitud del desastre expuso no solo la fuerza de la naturaleza, sino también la falta de infraestructura y previsión frente a fenómenos extremos.

Pero más allá de los datos, la tragedia vive en las historias de quienes la atravesaron. En el miedo de esa noche, en el silencio que quedó después, y en cada recuerdo que vuelve cuando el cielo se oscurece y empieza a llover.

Porque hay cosas que el agua se lleva. Pero hay otras que quedan para siempre.