03/04/2026 - Edición Nº304

Politica

2 de abril

Memoria, dolor y una verdad que no se puede callar

02/04/2026 15:00 | A 43 años de la Guerra de Malvinas, recordar no es solo rendir homenaje: es también reconocer el dolor, entender el contexto y sostener una memoria crítica. A través de la poesía del platense Martín Raninqueo, la guerra deja de ser un relato lejano y se vuelve una experiencia humana que interpela, incomoda y obliga a no olvidar.



Cada 2 de abril, en Argentina no solo recordamos. También sentimos. También pensamos. También nos preguntamos cómo fue posible que tantos jóvenes terminaran en una guerra que nunca debió ocurrir.

La Guerra de Malvinas, en 1982, dejó una marca profunda en nuestro país. No fue una guerra cualquiera. Fue una guerra impulsada por una dictadura militar que, en medio del rechazo social y la crisis, decidió enviar a miles de chicos al frente. Jóvenes de 18 o 19 años que no eligieron estar ahí.

Es imposible hablar de Malvinas sin decir esto: no fue una decisión del pueblo. Fue una decisión de un gobierno de facto, autoritario, que utilizó la causa de las islas para sostenerse en el poder. Y ese contexto no es un detalle menor. Es parte fundamental de la memoria.

Mientras tanto, en las islas, la realidad era otra. Frío extremo. Hambre. Miedo constante. Soledad. Muchos soldados no tenían el equipamiento necesario, ni la preparación suficiente. Eran chicos enfrentando algo inmenso.

Ahí es donde la literatura logra decir lo que a veces los libros de historia no alcanzan. En “Haikus de Guerra”, el escritor platense Martín Raninqueo construye pequeñas escenas que duelen. Con muy pocas palabras, muestra lo esencial: lo humano en medio del horror.

Sus haikus no hablan de gloria. Hablan de cuerpos cansados, de silencios, de paisajes helados y de pensamientos que pesan más que el frío. Cada poema es como un susurro que atraviesa el tiempo y nos obliga a imaginar lo que vivieron esos jóvenes.

Esa forma de escribir nos acerca más que cualquier dato. Porque nos hace sentir. Porque nos incomoda. Porque nos recuerda que detrás de cada número hubo una vida.

Recordar Malvinas no es repetir un discurso vacío. Es mirar la historia. Es honrar a los que estuvieron, acompañar a los que volvieron y también tener el coraje de decir que fue una guerra injusta, nacida en uno de los momentos más oscuros de nuestro país.

La memoria no es solo recordar lo que pasó. Es entender por qué pasó. 

Malvinas vive en nuestra historia, en nuestra identidad y en cada acto de memoria. Pero también vive en cada pregunta que nos hacemos. Y en cada vez que elegimos no callar.