La Plata atraviesa una jornada de conmoción tras conocerse la muerte de Eduardo Alcántara, reconocido popularmente como Lumpen Bola. El muralista, nacido en Lisandro Olmos y figura clave del arte urbano en las últimas dos décadas y media, dejó un legado que transformó la identidad visual y cultural de la ciudad.
Su recorrido en el mundo del muralismo comenzó de manera casi fortuita, durante un conflicto en una fábrica de Olmos. Allí, la agrupación Sien Volando lo invitó a intervenir muros junto al colectivo. Con el tiempo, y tras la disolución del grupo, Alcántara encontró un sello propio y distintivo: homenajear al rock nacional y a sus íconos.
En el barrio de La Loma creó más de 38 murales dedicados a figuras como Luca Prodan, Luis Alberto Spinetta, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y Gustavo Cerati. Estas obras no solo embellecieron el espacio público, sino que también se convirtieron en puntos de referencia cultural para varias generaciones.
Su trabajo trascendió ese territorio. Lumpen Bola realizó piezas que ya forman parte del paisaje simbólico platense, como el mural sobre el patrimonio de la ciudad ubicado en 6 y 46; la obra por los 40 años de democracia en la UNLP con las imágenes de Raúl Alfonsín y Ernesto Sábato; y su creación más reciente en Altos de San Lorenzo, donde reunió a figuras emblemáticas como Messi, Maradona, Evita, René Favaloro, las Abuelas de Plaza de Mayo y las Islas Malvinas.
A pesar de su extensa trayectoria, Alcántara seguía activo y con nuevos proyectos. En el corto plazo planeaba inaugurar Taller 321, un espacio cultural que venía remodelando para fomentar la producción artística comunitaria.
La noticia de su fallecimiento generó un inmediato y profundo impacto entre colegas y seguidores. Rocambole, referente del arte platense, lo despidió con un mensaje emotivo en redes sociales: “Vuela muy alto y descansa en paz, querido amigo”, escribió sobre una placa negra, gesto que sintetiza el afecto y la admiración que despertaba Lumpen Bola en la escena cultural.
Su partida deja un vacío enorme, pero su obra seguirá viva en cada pared que pintó y en la memoria colectiva de La Plata.